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Autores: Helen Chavarria y Jose Alva

La Huaca Cao Viejo fue uno de los centros más importantes de los Mochicas. En este artículo respondemos el porqué de su importancia.

En los inicios de la era cristiana, los Mochicas comenzaron la edificación de la Huaca Cao Viejo. El lugar fue considerado un centro administrativo y ceremonial donde se tomaban las decisiones que modelaban la vida de los habitantes del valle de Chicama. Muchísimos años después, en 2005, el arqueólogo Régulo Franco descubrió que en este sitio se encontraba enterrado el cuerpo de una mujer a la que bautizó como La Señora de Cao. El descubrimiento hizo repensar el rol de las mujeres en las culturas precolombinas.

La Huaca Cao Viejo pertenece al Complejo Arqueológico El Brujo, y junto a la Huaca Cortada son los edificios Moche más grandes del asentamiento. Hasta el momento se han podido identificar siete edificios distintos construidos al interior de la Huaca Cao Viejo. Los edificios contienen pirámides truncas, recintos rectangulares, una plaza ceremonial y otras estructuras que permiten analizar cómo fue la arquitectura de los mochicas que habitaron el Valle de Chicama.

La Señora de Cao y los rituales en la Huaca Cao Viejo

huaca cao viejo de la cultura mochica

La Huaca Cao Viejo es una pirámide que los mochicas construyeron como una representación simbólica del mundo que habitaban. Las élites mochicas dibujaron en las paredes de este recinto su perspectiva sobre el origen y las constelaciones, los ancestros productores de la subsistencia agrícola y marítima, las divinidades o ancestros fertilizadores, los ritos propiciadores del mundo doméstico, el enfrentamiento humano y las ofrendas al ancestro mítico.

Un espacio que destaca es la plaza ceremonial, usada para el desarrollo de las actividades religiosas. En 2009, cuatro años después del descubrimiento de La Señora de Cao, la Fundación Wiese inauguró el Museo de Cao junto a la huaca Cao Viejo. Dentro del museo se encuentra el ajuar funerario y los restos de la Señora de Cao. En entrevistas a medios, Régulo Franco siempre recuerda el entusiasmo con que el filántropo Guillermo Wiese le encargó la misión de hacer un descubrimiento similar al que hizo Walter Alva con la tumba del Señor de Sipán en 1987. Lo recuerda porque sabe que es ese entusiasmo el que se necesita para continuar revalorizando la cultura milenaria del país.

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