Por: José Ismael Alva Ch.

y quando llegavan a la Isla adoravan a la Huaca Huamancantac como al Señor de Huano, y le ofrecían las ofrendas, para que les dexasse tomar el huano”.

José de Arriaga, 1621, Cap. V, fol. 31

 

Cuando los españoles llegaron a los Andes, hallaron una serie de grupos sociales con arraigadas tradiciones religiosas, las cuales fueron combatidas mediante la extirpación de idolatrías para así imponer el dogma católico. Los curas doctrineros, aquellos que realizaban labores de evangelización entre las comunidades nativas, elaboraron reportes producto de estas campañas. Dichos documentos grafican un sistema de cultos asociados a adoratorios existentes en edificios y, especialmente, en elementos naturales con carácter sagrado.

La sacralización de dichos elementos naturales iba de la mano con la elaboración de mitos que explicaban la existencia de los fenómenos naturales y así sustentaban y justificaban el orden social. Los mitos y los cultos tenían diferentes matices y énfasis según la región; pues, por ejemplo, en la sierra existían diversas deidades con atributos asociados al trueno y a la lluvia, situación que no sucedía en la costa (Rostworowski, 1983, p. 94), donde los mitos resaltaban el origen de los recursos naturales de la región, en especial aquellos considerados importantes para el soporte de la vida social.

En este panorama, las islas del litoral andino eran aprovechadas económicamente y se incorporaron al sistema de creencias, a través de mitos y la reiteración de rituales. La presente nota de investigación consta en dos partes. En esta primera parte revisaremos el aspecto económico de las islas, enfatizando en dos actividades principales: La caza de lobos marinos y la recolección de guano.

Las islas y sus recursos

Las islas del mar peruano constituyen ecosistemas a los que las antiguas poblaciones de la costa accedieron tras el desarrollo de la navegación. Entre las especies animales que habitan las islas, el lobo marino es uno de los que aparece con mayor referencia escrita y arqueológica.

La caza del lobo marino

En “Historia del Nuevo Mundo”, el Padre Bernabé Cobo recopiló que, en la lengua de los Incas, los lobos marinos eran conocidos como azuca. La técnica de caza de estos animales se hacía mediante certeros golpes con un palo sobre su nariz (Cobo 1964 [1656], p. 295). Algunas representaciones sobre esta forma de caza aparecen en la cerámica Moche, donde los personajes blanden mazas y atacan a un grupo de lobos en una isla.

En el siglo XVI, los cronistas Gutiérrez de Santa Clara y López de Gómara señalaron que los naturales de la costa cocinaban la carne de lobo marino y le encontraban buen sabor (Rostworowski, 1981, p. 113). Sin embargo, parece que el consumo alimenticio del lobo marino se redujo en tiempos de la colonia puesto que, décadas más tarde, Bernabé Cobo (1964 [1656], p. 295) señaló que “no se come la carne destos lobos sino en casos de necesidad”.

Por su alto nivel de grasa corporal, los lobos marinos eran colgados con el cuerpo desollado bajo el sol para recolectar aceite. Dependiendo del tamaño, se podía obtener de nueve a diez botijas de aceite de cada lobo. Este aceite se empleaba para alumbrarse en las chacras y para evitar la corrosión en los instrumentos de metal (Ibíd.).

Por otro lado, durante el siglo XVII, en las costas de Arica y Atacama era común el uso de la piel de los lobos marinos para la confección de balsas. Estas balsas se armaban como bolsas llenas de aire con las cuales se entraba al mar para pescar (Ibíd.).

La recolección del guano

El guano de las islas, generado por la deposición de las aves marinas, es uno de los fertilizantes agrícolas mejor conocido y más apreciado en la costa y la sierra para el cultivo de maíz desde tiempos prehispánicos (Buse, 1975, Tomo II, Vol. 2, p. 619; Curatola, 1997, p. 230-231).

En sociedades eminente agrícolas como las andinas, el suministro de esta clase de fertilizantes eran clave para el sostenimiento de subsistencia y la economía de los grupos humanos. De tal forma que, durante el incanato, el estado imperial dictó la orden de mantener la vigilancia y control sobre la natalidad de las aves marinas con la finalidad de garantizar la renovación de este recurso (Garcilaso de la Vega citado en Curatola, 1997, p.231-232).

¿Cuánto de guano se empleaba en los cultivos? A inicios del siglo XIX, el explorador británico William Bennet Stevenson (1971 [1829], p. 198), atestiguó que las chacras de maíz en Chancay eran abonadas con una onza (28.3 gramos) de guano por cada tres o cuatro plantas.

Hasta aquí hemos relatado las actividades económicas más resaltantes en los registros arqueológicos y escritos sobre el aprovechamiento de las islas; sin embargo, no podemos dejar de mencionar otras actividades tales como la caza de aves marinas para usar el plumón (pluma fina) en la confección de ropa térmica, así como la recolección de huevos; las cuales debieron ser recurrentes en el pasado andino.

Teniendo en cuenta esta base económica y su importancia en el sustento de las sociedades, podemos entender la incorporación de las islas en el sistema de creencias prehispánico y las prácticas rituales asociadas a ellas. El aspecto religioso de las islas y el caso de las Islas Macabí, localizada en el litoral del Valle del Chicama, los presentaremos en la conclusión de esta nota de investigación.