Las huacas en la cultura Mochica fueron construcciones monumentales que servían a las élites mochicas como lugares para fortalecer y difundir su narrativa sobre el cosmos y las divinidades. La palabra “huaca” en quechua significa lugar u objeto sagrado. El sacerdote jesuita Ludovico Bertonio en su obra “Vocabulario de la lengua aymara” menciona que la traducción al castellano del término significa “ídolo en forma de hombre, carnero, y los cerros que adoraban en su gentilidad».

 

Las edificaciones contienen muestras del arte mural, una expresión artística muy importante que permitía transmitir una codificación simbólica del poder de la élite. “Más allá de un rol decorativo, desempeñaba una función de vector ideológico, fundamental para esta sociedad sin escritura textual”, señala la arqueóloga Véronique Wright en el dossier “Pigmentos y tecnología artística mochicas: una nueva aproximación en la comprensión de la organización social”.

 

Los murales en las huacas en la Cultura Mochica

 

murales de las huacas en la cultura mochica

 

El director del Complejo Arqueológico El Brujo, Régulo Franco, quien estudia desde mediados de los 90 los espacios de la Huaca Cao Viejo, señala que “la huaca fue la primera que brindó información consistente de la existencia de relieves polícromos en un edificio mochica de la costa norte, que representan las expresiones murales más representativas del mundo religioso”.

 

Las escenas pintadas sobre las huacas en la cultura Mochica muestran ceremonias de sacrificio, deidades como Aia Paec, rituales y profesiones realizadas por los Mochicas. Por ejemplo, en el montículo 2 de la Huaca Cao Viejo se observa a un personaje que ha sido identificado como un “mensajero” (Larco, 1938), “corredores” (Hocquenghem, 1987: 100-101) o “corredor ritual” (Donnan & McClelland, 1999).

 

Véronique Wright considera que los grafitis fueron elaborados por artistas que se encuentran al servicio de la élite para transmitir un mensaje. “Su libertad de creación es limitada, en la medida en la cual utiliza códigos preestablecidos e impuestos por la élite (Morales, 2003). Utiliza también normas para los colores, con una paleta cromática compuesta por cinco colores de base, más o menos saturados y a veces mezclados: rojo, amarillo, negro, azul-gris y el blanco a menudo como color de fondo”, explica la arqueóloga.

 

Sacrificios y cementerios

 

 

Al ser lugares sagrados, las huacas en la cultura Mochica también cumplían la función de cementerios para líderes o personajes importantes de la élite Mochica. Es así que en 2005 al interior de la Huaca Cao Viejo, Regulo Franco descubrió la tumba y el ajuar de La Dama de Cao, lideresa mochica que habría muerto durante las labores de parto.

 

Dentro de estas edificaciones también se enterraban los cuerpos de adolescentes que participaban en los sacrificios rituales de los mochicas. En el documento académico “Semillas psicoactivas sagradas y sacrificios rituales en la cultura Moche” se profundiza sobre los sacrificios rituales y se les divide en dos: ofrendas a la divinidad y castigos ejemplares.

 

Los sacrificios se realizaban con el tumi, un cuchillo ceremonial. Lo más importante del sacrificio ritual era la presentación de la sangre en una copa al gobernante y a la divinidad Moche. “Esta copa era llevada por una sacerdotisa al gobernante, quien decidía si la bebía o vertía el contenido sobre la tierra a modo de ofrenda ritual”, se lee en “Semillas psicoactivas sagradas y sacrificios rituales en la cultura Moche”.

 

Régulo Franco en Modelos, Función y cronología de la Huaca Cao Viejo” intenta reconstruir la historia de los personajes que fueron enterrados en esta huaca, uno de los centros urbanos más importantes para los Mochicas. El arqueólogo se encuentra sorprendido por “el descubrimiento del cuerpo de dos adolescentes y dos adultos, todos ellos masculinos, y el hecho de que los cuatro individuos tienen alguna anomalía física o patológica, como si hubieran sido intencionalmente escogidos para el ritual del sacrificio”.

 

Los sacrificios hechos en las huacas en la cultura Mochica eran parte de la cosmovisión de las élites y de su intento por controlar las inclemencias de la naturaleza que, todo indica, hicieron perecer a los señores que gobernaron el norte por cerca de 600 años.

 

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