El Viejo Señor de Sipán, así como el Señor de Sipán y la Señora de Cao, son personajes de la élite mochica. Cada uno de estos descubrimientos, ha permitido a los investigadores, comprender cómo es que funcionaba el poder dentro de esta cultura precolombina. En esta oportunidad queremos hablar acerca de El Viejo Señor de Sipán.

El descubrimiento de la tumba del Viejo Señor de Sipán

Era el año 1989, 41 años después de hallada la tumba del “Guerrero-Sacerdote”, al este de Huaca Rajada, los investigadores hallaron una plataforma funeraria perteneciente a la élite mochica. El conjunto de tres edificaciones presentaba ocupaciones de entre el año 140 d.C. a 830 y reveló 12 tumbas. Entre estas, dos llamaron la atención: la tumba 1 y la tumba 3, que correspondían al Señor de Sipán y al Viejo Señor de Sipán, respectivamente.

La tumba de El Viejo Señor de Sipán se descubrió en 1989 y estaba ubicada bajo la tumba 1. Sobre este personaje de la élite Mochica se sabe que habría tenido entre 45 a 55 años al momento de fallecer, además, su deceso habría sucedido entre los años 140 a 523 d.C.

Respecto al fardo funerario del gobernante moche, este se colocó sobre una capa de sulfuro de mercurio, lo que se pudo identificar por el intenso color rojo de la misma. A diferencia del hallazgo del “Guerrero-Sacerdote” donde solo se encontró un sacrificio, en la tumba del Viejo Señor de Sipán existió un sacrificio humano y uno animal. En el primer caso, se trataba de una mujer joven, y en el otro, de un camélido.

Con relación al ajuar funerario del Viejo Señor de Sipán, la riqueza de este era similar a la hallada en la tumba 1, con la diferencia de que pertenecía a otra época. Además de la cantidad de sacrificios humanos que acompañan al Señor de Sipán, en contraste con los hallados en la tumba 3, otra diferencia que resalta es la cantidad de figuras religiosas presentes.

Estas variaciones en las tumbas de ambos gobernantes son una muestra de cómo cambió el culto moche. Así como evidencia de la consolidación del poder secular sobre el sacerdotal. Algo similar se halló en la tumba de la Señora de Cao cuyo ajuar estaba compuesto por aretes, narigueras, collares, vestidos, coronas, diademas y porras, los cuales destacaban por la gran destreza artesanal de su fabricación.

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