Por: José Ismael Alva Chancos

“… oí en cerros i guacas distantes de Guadalupe (como es en el cerro junto a Chocope, i en el que llaman de la Canpana, i en otros diferentes) grandes ruidos de tanbores instrumento músico de los Indios en tono lúgubre, triste i afligido.”

(Calancha, 1638, t. IV, Cap. IV).

 

El cerro Campana es una notable y empinada andina, o montaña, que se ubica en los llanos desérticos existentes entre los valles de Moche y de Chicama. Alcanza una altura aproximada de 1000 msnm, y se prolonga 9 km de norte a sur. A pesar de tener una superficie rocosa y estéril, durante los meses de invierno la ladera occidental reverdece a manera de loma debido a la humedad traída por los vientos del océano Pacífico. En esta estación del año, el cerro Campana alcanza la mayor densidad de flora y fauna.

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Emplazamiento del cerro Campana y otros lugares mencionados en el texto

A inicios del siglo XVII, el Padre Antonio de la Calancha, en su esfuerzo evangelizador, señaló que en dicho cerro se podía escuchar fuertes sonidos atribuidos a demonios que se lamentaban por no tener adoración entre los naturales. Dicho relato, con sus variantes en siglos posteriores, denotan la atención prestada al cerro en tiempos de la extirpación de idolatrías en los Andes, por lo que es claro que su carácter sacro fue asignado en época prehispánica.

Las evidencias arqueológicas obtenidas del cerro Campana muestran que el lugar fue utilizado como cantera de hematita [1] desde el período Formativo (Prieto et al. 2016). Más aun, su ocupación se hace intensa en tiempos Moche con la presencia de altares en distintos puntos a medida que se rodea y asciende al cerro (Franco et al. 2013).

Si bien existen alusiones al cerro Campana en las obras de los viajeros de fines del siglo XIX, como el estadounidense George Squier (1877) y el alemán Ernst Middendorf (1894), en esta ocasión nos interesa otro tipo de fuente escrita, incluso más antigua: los derroteros marítimos de los siglos XVII, XVIII y XIX. Estos eran documentos mayormente ilustrados que contenían instrucciones sobre las rutas de navegación, con énfasis en las características de las costas, puertos, ciudades y accidentes geográficos visibles desde el mar. En América, los navegantes españoles y, posteriormente, republicanos elaboraron diversas publicaciones náuticas con descripciones detalladas de los más importantes puntos de referencia en la costa, garantizando así su trayectoria y así evitar posibles riesgos durante la ruta.

El derrotero más temprano al que tuvimos acceso es el obtenido por el pirata inglés Basil Ringrose tras el secuestro de un barco español en Panamá. Ringrose navegó por las costas americanas en la década de 1680 para reconocer y saquear las colonias de la Corona Española durante 18 meses. El documento en mención grafica el litoral del valle de Chicama y Moche, donde se logra identificar la ciudad de Trujillo, el puerto de Huanchaco y el pueblo de Magdalena de Cao. Asimismo, se destaca la posición del Cerro Campana (Campaña en sus anotaciones) como un punto de referencia en el caso de anclar y desembarcar en el puerto de Huanchaco:

“Desde Malabrigo navegas SE hacia el Puerto de Guanchaco, que es el Embarcadero de la ciudad de Truhillo, que es un obispado y un lugar muy bueno. El largo de la costa tiene una orilla de hierro [1]. Debes fondear en 9 brazas [2] al oeste de la Iglesia, que verás en el Puerto [de Guanchaco] y el Cerro Campaña al NE de ti.” (Howse y Thrower, 1992, pp. 172-174).

Medio siglo después, en 1730, los capitanes realistas Pedro Hurtado de Mendoza y Manuel Joseph Hurtado prepararon un derrotero que representaba la costa del Chicama. Dicho dibujo no solo mostraba la localización del cerro Campana que se asemejaba a “un pan de asúcar” visto desde Huanchaco; sino que también graficaba sus perfiles según la ubicación y la distancia de su visualización.

En periodo republicano y previo a la Guerra con España, otro derrotero fue elaborado por el Teniente Aurelio García y García, Comandante del Vapor “General Lerzundi” de la armada peruana. Este documento es más detallado frente a los derroteros anteriores:

“El cerro de la Campana es el mas notable de toda esta costa. Se halla situado seis millas al N. del puerto [de Huanchaco] y separado cinco millas al interior. Debe su nombre á la figura que presenta, que es igual á la de una antigua campana colocada en el suelo: termina en unas crestas que imitan la parte de las asas en que se cuélgala campana. Su elevación es de tres mil cuatrocientos cincuenta pies sobre el nivel del mar: la forma particular que tiene y su posición aislada no permite equivocarlo: distínguese á gran distancia. Con mucha frecuencia se vé la parte alta, cortada por una faja de niebla que deja descubiertas la cúspide y la base.” (García y García, 1863, pp. 134-135).

Tras la revisión de estas fuentes históricas poco conocidas, podemos decir que los derroteros marinos contienen un conjunto de informaciones importantes vinculadas a elementos preponderantes en la costa andina. En ella se pueden reconocer no solo las fundaciones españolas en América, sino también las “huacas”, cerros, islas y otros accidentes geográficos que eran referentes sociales en los territorios de los antiguos grupos humanos en tiempos precoloniales.

En suma, todos los datos disponibles refuerzan la posición del cerro Campana como uno de los puntos destacados en la Costa Norte del Perú. Las tempranas evidencias de ocupación humana, los altares y los probables recintos rituales de época Moche en el lugar muestran la estrecha relación del cerro con los discursos ideológicos y las prácticas religiosas en época prehispánica, cuya finalidad fue la de renovar y mantener el orden social. Esta asignación de significados culturales mediante la actividad ritual, así como las posteriores leyendas, convierten al cerro Campana en un verdadero hito en el paisaje andino.

[1] Orilla de Hierro [Iron Shore]: Costa rocosa y empinada sin fondeo.
[2] La braza es una unidad de medida náutica, empleada normalmente para medir la profundidad del mar. En la medida inglesa utilizada por Ringrose, la braza equivalía a 1.8 metros.

[1] La hematita fue aprovechada para la obtención de pigmento rojo.

Bibliografía

Franco, R, Quiroz, C., Valladares, P., Quiroz, C. 2013. El Apu Campana. La montaña de las escenas de sacrificios humanos, historia, arqueología y biodiversidad. SIAN, revista arqueológica 24.

García, A. 1863. Derrotero de la Costa del Perú. Lima: Establecimiento tipográfico de Aurelio Alfaro.

Howse, D y Thrower, N. 1992. A Buccaneer’s Atlas. Basil Ringrose’s South Sea Waggoner. A Sea Atlas and Sailing Directions of the Pacific Coast of the Americas, 1682. Berkeley and Los Angeles: University of California Press.

Middendorf, E. 1973 [1894] Perú. Observaciones y estudios del país y sus habitantes durante una permanencia de 25 años. Tomo II. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Ortiz, J. 1993. Derrotero General del Mar del Sur del Capitán Pedro Hurtado de Mendoza, hecho por el Capitán Manuel Joseph Hurtado en el Puerto del Callao – Año de 1730. Lima: Dirección de Intereses Marítimos.

Prieto, G., Wright, V., Burger, R., Cooke, C., Zeballos-Velasquez, E., Watanave, A., Suchomel, M., Suescun, L. 2016. The source, processing and use of red pigment based on hematite and cinnabar at Gramalote, an early Initial Period (1500-1200 cal. B.C.) maritime community, north coast of Peru. Journal of Archaeological Science: Reports 5, 45-60.

Squier, G. 1877. Perú. Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas. New York: Harper & Brothers, Publishers.